Las almas perdidas me llaman y me ruegan de que de marcha atrás, pero ya es muy tarde.
Cae la noche sobre mi cuerpo cansado y magullado.
No puedo descansar ahora.
Sigo caminando.
Noto los espíritus bailando a mi alrededor.
No me asustan. Tarde o temprano seré una más de ese grupo, acechando los cuerpos con vida de gente que no sabe volver a casa. Pero yo si que se.
No me asustan. Tarde o temprano seré una más de ese grupo, acechando los cuerpos con vida de gente que no sabe volver a casa. Pero yo si que se.
Me tocan y se ríen al ver como mi piel se estremece por un suave roce de aire helado.
Los árboles no me dejan ver las estrellas, ni la luna, ni mi vida.
Poco a poco se vuelve oscuro. Ya es de noche.
Oigo las campanas del pueblo a lo lejos. Las campanadas anuncian que son las 12 de la noche. Susurros invisibles me atrapan en una red echa de cadenas irrompibles.
Ríen, me hablan, me llaman, me tocan.
Una lágrima asoma por mis ojos.
Mi corazón late muy deprisa.
De repente una fuerza sobrenatural me empuja y hace que me estrelle contra un árbol.
Lo veo todo borroso.
Estoy tumbada de lado y la sangre comienza a esparcirse.
Se apaga la luz.

